Espiritualidad Postmoderna

Muchas veces en mi vida he tenido la sensación de no encajar en la época que me ha tocado vivir. Y, por favor, no me malinterpretes, no quiero que suene a queja o reproche social. No van por ahí los tiros. Simplemente, es un hecho objetivo (si es que las emociones pueden serlo). Un ejemplo de este “desencaje” social que a veces siento es mi amor por la radio. La tradicional. La de siempre. Ese medio místico, donde las voces se funden con tu pensamiento y te hacen conectar ideas, como un catalizador de la creatividad. 

Hace unos días, escuchando la radio, más concretamente el programa de La Ventana del locutor Carles Francino, en una de las secciones el tema central fue la “Espiritualidad Moderna”. En ella comentaban la forma que tiene el ser humano actual de acercarse a la espiritualidad, dejado atrás la religión o religiosidad tradicional, para abrirse paso a una forma mucho más introspectiva y centrada en el yo, en el bienestar, en el autoconocimiento y el aprendizaje. En definitiva, de la propia búsqueda del sentido vital

Este cambio de paradigma, volviendo a poner al ser humano como eje de la trama, también se puede ver reflejado en la cultura, ya sea en la literatura, en la novela gráfica o en la música, con obras como el cómic “En camino” de Paco Hernández (2021) o discos como “Lux” de Rosalía (2025) o “Reboot” de Paul Thin (2025).

Aun así, a pesar de este auge de espiritualidad entendida como bienestar personal y búsqueda de significados que nos satisfagan, no vivimos en un contexto facilitador para ello. Si nos acercamos al filósofo Byung-Chul Han (2021) en su libro No-cosas, y citándolo de forma textual: “la inflamación de cosas nos engaña haciéndonos creer lo contrario. En lugar de guardar recuerdos, almacenamos cantidades de datos”. 

Estamos continuamente expuestos a un flujo constante de información, con intervalos de actualidad reducidos. Hay tantas cosas, tantas posibilidades, que el presente se ha convertido en un checklist a cumplimentar más que un placer que disfrutar. Sentimos que cuando vemos una serie en cualquier plataforma o nos sentamos a leer un libro, estamos dejando de ver o leer otros productos, más que en pararnos a disfrutar del presente. 

Por tanto, ¿no parece curioso que con este contexto de bombardeo de No-Cosas ocurra un repunte de espiritualidad moderna de introspección sosegada? A mí me parece fascinante. El ser humano está lleno de contradicciones. 

Buscando el sentido vital

Para analizar la espiritualidad moderna, y como es necesario situarse en algún punto de partida, os invito a visitar conmigo a dos autores clásicos en psicología que hablan precisamente de la búsqueda del sentido vital: Abraham Maslow y Viktor Frankl. 

Maslow (1943) en su teoría clásica de la jerarquización de las necesidades humanas, propone una idea simple, pero que por simple no deja de ser ingeniosa. La teoría sostiene que las necesidades que sufrimos los seres humanos se encuentran dentro de una jerarquía o pirámide. Éstas se dividen en dos: las necesidades deficitarias, es decir, carencias que hay que suplir, y las necesidades de desarrollo del ser. Como es de imaginar, las primeras, las deficitarias, se encuentran en la parte baja de la pirámide, a saber: fisiológicas (respirar, beber, dormir, comer, sexo, refugio), de seguridad (empleo, ingresos, salud, familia), de amor/afecto/pertenencia (formar parte de una comunidad) y de estima (estatus, fama, confianza, logro…).

Ahora bien, Maslow sostiene que solo cuando las necesidades de orden inferior estén suplidas, podrán aparecer necesidades del siguiente orden. Por ejemplo, si tengo sed por que no tengo acceso a agua, probablemente no me preocupe si tengo o no tengo un empleo, o si no tengo salud, quizás no me preocupe formar parte de un grupo. ¿Tiene sentido? Sí ¿Cuestionables conclusiones? Pues también. 

Una vez hemos cubierto todas las necesidades deficitarias, aparecerán las necesidades de desarrollo del ser, o también llamadas necesidades de autorrealización, que son definidas por Maslow como ser y hacer lo que la persona nació para ser y hacer. Aquí entran cuestiones estéticas (belleza interior, experiencias gratificantes como ir a museos, viajar o disfrutar del cine), cognitivas (deseos de conocer, curiosidad o investigar) o de auto-transcendencia (fe, espiritualidad, trasnhumanismo). 

Por tanto, si atendemos solo a la teoría de la pirámide de necesidades de Maslow, sería fácil concluir que esta nueva forma de concebir la espiritualidad que está experimentando nuestra sociedad aparece debido a que somos seres humanos privilegiados con las necesidades básicas cubiertas, por lo que nos podemos permitir ese “ratito de introspección y mirar al abismo”, como dijo Ignatius Farray. Nuevamente, ¿tiene sentido? Sí ¿Cuestionables conclusiones? Pues también. 

Por ello, es hora de que entre en juego el segundo autor: Viktor Frankl (1946) y su obra clásica El Hombre en Busca de Sentido. En ella, el autor nos narra su catarsis emocional, sobre lo que le ocurrió mientras se encontraba preso en los campos de concentración durante Segunda Guerra Mundial.

Antes de su captura, Frankl, de origen semita, vivía con su esposa y ejercía como médico bastante exitoso; de hecho, estaba redactando su tesis doctoral por aquella época, la cual luego se convertiría en su forma de terapia: la logoterapia. Cuando la crispación social ante los judíos era casi insostenible, tuvo la oportunidad de huir a EEUU, pero tomó la decisión de quedarse para poder seguir cuidando de sus padres ya mayores. Decisión que le llevó a sufrir uno de los mayores horrores inimaginables: entrar en Auschwitz. 

Una vez dentro, fue despojado de todas sus pertenencias, fue tratado como un vulgar animal y sometido a todas la vejaciones que te puedas imaginar. En el momento de su captura, llevaba encima su tesis doctoral en una carpeta. Tesis que, por supuesto, fue destruida delante de sus ojos. Básicamente, sufrió lo que en psicología se conoce como la existencia desnuda: le habían despojado de cualquier vínculo material de su vida anterior. Había sufrido un proceso de despersonalización llevado al extremo, ya su nombre no era Viktor, ahora pasó a llamarse: 119104. 

Si os hago una simple pregunta, la respuesta es fácil: ¿era Frankl o cualquier prisionero de los campos de trabajo un ser humano con las necesidades básicas cubiertas? Desgraciadamente, no. Por tanto, si seguimos a Maslow, necesidades de orden superior como las de desarrollo del ser jamás se podrían haber sucedido. Pues bien, Frankl defiende que sí. Que incluso en el infierno en la tierra las personas que sobrevivían tenían un punto en común: tenían un  motivo por el que levantarse cada día. Algunos era el humor (habían monólogos dentro de los campos), otros el amor (alguien que les esperaba fuera), su trabajo (médicos judíos atendían a otros enfermos)… ¿El de Viktor Frankl? Reencontrase con su amada y terminar su tesis doctoral, la cual comenzó a reescribir en cachos de papel que iba robando de aquí y de allá por el campo. 

Frankl mantiene que aceptar el destino, dota de significado a la vida. Incluso cuando no te queda nada, tienes capacidad de elección: conservar el valor, la dignidad y la generosidad u olvidarte de todo y sucumbir al animal que todos llevamos dentro. Un cómic que trata en profundidad este tema es La Muerte del Capitán Marvel de Jim Starlin (1982). No te cuento nada más, acércate a él con curiosidad. Nota importante: aunque hablemos de superhéroes, sus problemas son tan humanos como el guionista que los escribe o el dibujante que los dibuja, aunque eso es tema para otro artículo. 

Volviendo al hilo, parece ser que la capacidad de buscar el sentido vital es algo inherente a la humanidad. Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la vida plantea. Parafraseando al maestro: “No importa lo que esperemos de la vida, si no lo que la vida espera de nosotros”. 

De la religión tradicional a la espiritualidad moderna

Tenía un profesor que decía que las terapias de tercera generación como el mindfulness o la terapia de aceptación y compromiso eran “vino viejo en barrica nueva”. Hoy no estás sentado leyendo esto para tener un debate filosófico sobre psicología, pero sí quería traer a colación esa frase célebre, ya que representa con bastante fidelidad la espiritualidad moderna. Quizás hayamos derrocado del centro de la espiritualidad a Dios y nos hemos puesto nosotros en su lugar, pero los preceptos son parecidos. 

La religión tradicional viene de fuera, la espiritualidad se encuentra dentro. La religión es una manera de activar la espiritualidad, pero no es la única. Disfrutar una tarde en el museo, leer un buen libro con una copa de vino, tener una conversación filosófica y pedante (en el buen sentido) con alguien, disfrutar de una película en el cine solo un domingo o reflexionar sobre la transcendencia humana, son claros ejemplos de acciones que nos conectan con nosotros mismos. 

Una interesante reflexión y, por qué no decirlo, una más que válida justificación del por qué del auge de la espiritualidad moderna, es que existe una percepción en el ser humano de un aumento de la crispación social en el exterior, que nos obliga a mirar hacia dentro para encontrar un refugio. El cambio y las transcendencia en los tiempos que corren, así como la búsqueda del significado vital, no percibimos que podamos halarlos en la sociedad, por lo que aparece la necesidad de buscar dentro de nosotros.

Por tanto, si la tendencia actual es mirar dentro de nosotros, preceptos como el enfoque personal, el bienestar holístico, la psicología, la ciencia o la flexibilidad cognitiva deben ser eje central de cómo desarrollar la espiritualidad. En conclusión, para relacionarnos mejor con nuestro entorno, el cual percibimos como crispado, comenzamos a autorregularnos desde el interior, en lugar de buscar la regulación fuera. De ahí, surgen ideas de cambio y transcendencia que siempre nos han acompañado en el desarrollo de la humanidad, pero que el contexto social y cultural actual vuelven a poner encima de la mesa.

Inteligencia Espiritual: la necesidad de cambio y trascendencia

Un concepto interesante para entender y atender la necesidad humana de cambio y trascendencia es el de Inteligencia Espiritual (Teixeira, Guedes, Pinto y Nunes, 2024), ya que alude a que la espiritualidad no es algo de lo que se tiene o carece, si no que se puede entrenar y desarrollar para beneficiarnos de ella en nuestro día a día. De hecho, su presencia en nuestras vidas correlaciona de forma positiva con mayores niveles de resiliencia, salud general, mental y espiritual, así cómo de inteligencia emocional y estrategias de afrontamiento razonables; por su parte, también correlaciona de forma negativa con constructos como burnout, estrés, ansiedad o depresión. 

Por tanto, sería conveniente concluir que el desarrollo de la espiritualidad es primordial para el correcto funcionamiento de la salud en general. Llegados a este punto, y como bien dicen los versos de la canción de Paul Thin (2025) Descanso: “¿Por qué no puedo creer en alguien más grande que yo mismo al que culpar?”. Surge la gran duda de cómo comenzar desarrollar nuestra propia espiritualidad. Si es algo entrenable, ¿cómo me puedo poner a ello? 

Un buen punto de partida, sería atender a nuestras propias necesidades. Preguntas como: ¿quién soy?, ¿a dónde voy? o ¿cuál es la razón por la que levanto cada mañana de la cama para afrontar el día?, pueden darnos muchas de las respuestas que necesitamos. Aun así, intentar responder solo a una de ellas, nos puede llevar minutos o la vida entera. Para hacerlo más didáctico, vamos a distinguir dos tipos de necesidades: la necesidad de cambio y la necesidad de trascendencia. 

No se si alguna vez has experimentado ese sentimiento de que algo va mal, pero objetivamente todo va bien. Esa sensación de que hay algo que no termina de encajar y que si analizas tu presente, en realidad todo va como “socialmente” la vida dicta que debe ir. Hablamos de ese sentimiento curioso de no encajar, de “me falta algo”. 

Precisamente de esto va la novela gráfica de Paco Hernández (2021) En camino, donde nos presentan a Emma, una dibujante de cómics que no está contenta con su vida ni con quién es. Vive independizada con su pareja, está trabajando como dibujante en una editorial potente, tiene amigos y familia que la quieren, pero siente que algo no va bien. Tras unos desencuentros importantes con su novio, decide liarse la manta a la cabeza e irse a recorrer el Camino de Santiago, el cual sirve como punto de inflexión. Durante el camino, gracias a las personas con las que se encuentra y a las vivencias que experimenta, así como a todos los momentos de soledad e introspección que la acompañan, se encuentra con la persona más importante: ella misma.

Esta novela gráfica es un claro ejemplo de la necesidad humana de cambio para la búsqueda del sentido vital. La necesidad de buscar ese punto de inflexión, a partir del cual las cosas comiencen a cambiar, a ser distintas. Ese nuevo punto de partida, donde te atrevas desde cero, sin reservas ni mentiras, como dijo la Jurado. Para ello, tiempo de introspección, reflexión, experimentar con ojos curiosos cosas nuevas y, por supuesto, desatender a las No-Cosas (Byung-Chul Han, 2021) y prestar atención a aquello que nos hace felices, es la clave del éxito. 

Aun así, la necesidad de cambio no es la única necesidad que nos puede ayudar a desarrollar nuestra espiritualidad, también debemos atender a la necesidad de trascendencia, entendida como necesidad de dejar un legado en este mundo, o si lo elevamos a la máxima potencia a trascender como especie (Diéguez, 2016). Cuestiones como: “¿Por qué me gustaría que me recordaran?”, pueden arrojar mucha luz a nuestras dudas espirituales. A título personal, cada podcast o escrito mío que dejo en este mundo, o todas aquellas personas aun han confiado en mí para que las ayude en psicoterapia, podrían ser un legado interesante para todo aquel que se quiera acercar a mí a recordarme cuando ya no esté. Ese pensamiento me da paz.

Por otro lado, también nos encontramos con el deseo de autoconocimiento relacionado con “ir más allá” a la hora de conocernos a nosotros mismos; el uso de meditación, mindfulness, práctica de yoga o de la oración tradicional (Fahsi, 2025), son formas de conectar con nuestras emociones, significados y necesidades, ayudándonos a relativizar y poner en perspectiva muchos de los problemas que creemos que nos afectan. Son maneras más que válidas para traer nuestra mente al presente, dejando el pasado atrás y sin preocuparnos del futuro que, cuando llegue, también será presente. 

Otras formas de transcendencia en la búsqueda espiritual las podemos encontrar en experiencias cercanas a la muerte o epilepsias extática, así como en el acercamiento a prácticas chamánicas o al uso de psicodélicos como forma de potenciar la mente. Todas ellas se han demostrado como potentes transformadoras de la espiritualidad, la mentalidad y la salud de las personas (Sarrazin, 2025)


Todas ellas pueden ser buenas opciones o ninguna. Es el momento de, con toda la información recibida hasta aquí, encontrar la que más encaje contigo y te ayude a mejorar en tu día a día. Un último apunte importante, es dejar claro que todo lo expuesto es lo que nos hace humanos. La espiritualidad, postmoderna o no, es un claro argumento de que somos seres complejos y evolucionados, ya que gracias al desarrollo de estructuras cerebrales como el córtex prefrontal, su dinámica y plasticidad (Jedlicka y Nari Haverith, 2025), podemos plantearnos tantas cuestiones fundamentales y, sobre todo, encontrar nuestras propias respuestas para ellas.

 

Bibliografía

Diéguez, A. (2016). Transhumanismo. Herder

Fahsi, Z. (2025). “¿No pensaste en hacer yoga?” Espiritualidad en tiempos de búsqueda de plenitud. En El Yoga, nuevo espíritu del capitalismo. (144-158). Les Grands Dossiers des Sciences Humanes.

Frankl, V. (1946). El Hombre en Busca de Sentido. Herder

Hernández, P. (2021). En Camino. Ediciones: la cúpula

Han, B. (2021). No-Cosas. Taurus

Jedlicka, P.  y Nari Havenith, M. (2025). Religious and espiritual experiences from a neuroscientific and complex system perspective. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 177.

Starlin, J. (1982). La Muerte del Capitán Marvel. Panini Ediciones

Maslow, A. (1943). A theroy of human motivation. Pshychologial Review, 50(4), 370-396.

Sarrazin, J. (2025). La búsqueda de la espiritualidad alternativa en la modernidad neoliberal. 

Teixeira, C., Guedes, L., Pinto, S y Nunes, R. (2024). Espiritual Inteligence: a scoping review on the gateway to mental health. Global Health Action, 7.  

Discografía

Rosalía. (2025). Lux. Columbia Records

Thin, P. (2025). Reboot. Universal Musica Group

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